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¿EXISTE UNA BIOÉTICA CATÓLICA?

Rev. Albert S. Moraczewski, O.P.

Ethics & Medics, Febrero 1994, Vol. 19, No. 2.

© National Catholic Bioethics Center

www.ncbcenter.org

 

 

 

 

Introducción

 

 

A primera vista el término bioética católica puede parecer una contradicción en sí mismo. ¿Cómo puede la bioética, siendo una disciplina que generalmente en la práctica es secular, denominarse católica –término que denota un contexto religioso?  ¿Existe acaso  la química católica o las matemáticas católicas? Muchos no aceptarían estos términos compuestos dado que tanto la química como las matemáticas tienen sus propios objetos de estudio y estos son independientes de cualquier fe religiosa.  ¿Y qué tal sociología católica?  ¿Sería aceptable? Creo que sobre esta última podríamos argumentar un poco.  Si bien es cierto que la sociología tiene su propio objeto de estudio y sus principios, también tiene que ver con personas y comunidades humanas que poseen valores muy particulares originados en la fe y que pertenecen de igual manera al tema de estudio.  Estos valores y principios tienen que ver particularmente con la naturaleza de la persona, su dignidad y su valor trascendente.  Tomar esto en consideración influiría y modificaría por los menos algunos de los principios seculares que la sociología como tal aplica. De manera similar, se puede considerar a la bioética católica como una bioética con los principios que le son propios pero modificada a la luz de la fe católica.

 

 

 

La bioética, como disciplina intelectual particular, una subdisciplina de la ética,  se ocupa de guiar las decisiones morales en un contexto médico y de ofrecer principios mediante los cuales se puedan resolver los conflictos que surgen en el proceso de toma de decisiones.  Da por sentados los valores provenientes de otras fuentes para fundamentar las decisiones. La bioética católica, por su parte, acepta los valores  de la fe católica vía reflexión teológica y enseñanzas de la Iglesia.

 

 

Dios y la Persona Humana

 

 

 

La visión cristiana de Dios y de la persona humana es de una importancia fundamental.  Dios, el creador y el sustento de todo lo que existe, es personal en cuanto que no es una simple fuerza (como en los  populares programas de ciencia ficción Star Wars) sino que es Aquél de quien se puede decir que no sólo conoce y ama sino que es la verdad y el amor, y no en sentido figurado.   Él se entrega totalmente;  la creación y Jesús son manifestaciones de esa verdad.  Dios no sólo existe sino que es la existencia.  La fe cristiana sostiene que este Dios libremente creó el universo y todo lo contenido en él, incluyendo la raza humana, pináculo de la creación visible. Esta fe proclama también que Dios nos delegó dominio sobre el mundo (Génesis 2:16-17).

 

 

La verdad elemental sobre la raza humana es que la persona humana “... es la única criatura sobre la tierra que Dios quiso por sí misma...” (Gaudium et Spes n.24);  es decir, que el hombre es un fin en sí mismo y no está subordinado a ninguna otra criatura.  La persona humana tiene una dignidad intrínseca porque fue creada a la imagen de Dios (Génesis 1:27), redimida por Jesús y llamada a compartir la vida misma de Dios en una eterna e irrevocable unión de indescriptible gozo.

 

 

Cristo y la Autoridad de las Enseñanzas de la Iglesia

 

 

La fe católica afirma, asimismo, que Cristo Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, caminó entre nosotros para enseñar, a través de la palabra y el ejemplo, lo que significa ser una persona humana;  Jesús reveló “... el hombre al propio hombre y le descubre su altísima vocación” (Gaudium et Spes n.22).  Con la aceptación amorosa de su muerte en la cruz, Jesús ejemplificó lo que había enseñado; amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo no sólo como a otro yo sino amarlo de la manera en que Él nos amó a nosotros (San Juan 15:12).

 

 

Jesús, mientras estuvo entre nosotros, invitó a un grupo de hombres, los doce y  otros discípulos, a seguirlo en una amistad más cercana.  A ellos les dio instrucciones y explicaciones.  Luego los mandó a predicar la Buena Nueva al mundo entero (San Mateo 28:19-20).  Esto fue el principio de la Iglesia que, guiada por el Espíritu Santo como Jesús lo prometió, se ha ido desarrollando gradualmente hasta lo que es la Iglesia Católica como se conoce en la actualidad. La guía visible de la Iglesia está investida en el Papa como el sucesor de Pedro –la piedra designada y el líder de los apóstoles--, y en los obispos, unidos con el Papa, como sucesores de los apóstoles.   La autoridad del Papa en la enseñanza es especialmente  importante cuando él se dirige a la Iglesia universal.  Sus enseñanzas en temas de fe y de moral, cuando son promulgadas a la Iglesia universal como verdad revelada con la intención de unir en la fe a los miembros de la Iglesia, es considerada como infalible (Canon 749).  Esto no sucede frecuentemente.  Pero aun sin declaraciones formales, las enseñanzas del Papa, en diferentes grados, son consideradas como conclusivas, aunque parte de ellas pueden ser sujetas a revisión (Canon 752, 754).

 

 

La Iluminación por la Fe

 

 

Es sobre este cimiento de fe que la bioética católica se estructura. Combina, por lo tanto, la razón y la fe;  es la razón iluminada por la fe y aplicada en asuntos de ética en el campo de la práctica médica y de la investigación.  Utiliza todos los recursos disponibles a la razón pero los aplica bajo la dirección de la luz de la fe.  Estos recursos incluyen lo que se denomina “La Ley Natural”, que es simplemente la “... participación de la ley eterna en la criatura racional...” (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q. 93, a.1). En esta conexión resultan de gran relevancia para la enseñanza y práctica de la bioética católica dos recientes publicaciones del Magisterio. Estas son:  1) El Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por la Constitución Apostólica del Papa Juan Pablo II, Fidei depositum (1992); y   2) su encíclica  Veritatis Splendor (El Esplendor de la Verdad, 1993). El primero contiene en un volumen las enseñanzas esenciales de la Iglesia católica en el área de la fe y la moral así como sus raíces bíblicas, patrísticas y magisteriales.  Se incluyen, aunque no todos, numerosos tópicos de interés para la bioética católica.  El Esplendor de la Verdad trata de los principios fundamentales para el razonamiento moral en el contexto de la fe.  Estos dos trabajos deben ser estudiados uno a la luz del otro;  son como un par simbiótico.

 

 

En situaciones particulares donde pudiera haber confusión dentro de la Iglesia respecto a lo que es correcto,  ésta puede hacer declaraciones específicas sobre el tema. Por ejemplo, la bioética católica reconoce que cada ser humano tiene una valía y una dignidad intrínsecas, lo cual significa, por ejemplo, que a ninguna persona inocente se le debe quitar la vida o ser tratada como un simple medio para beneficio de alguien más.  Para sustentar esta postura recurrirá a diferentes enseñanzas del Magisterio de la Iglesia (ver, por ejemplo, la Declaración sobre Aborto Provocado, 1974;  Declaración sobre la Eutanasia, 1980).

 

 

En el área de la sexualidad humana, la bioética católica puede recurrir a varios documentos para ofrecer una orientación autorizada. Entre ellos están dos documentos clave referentes al matrimonio, al acto conyugal, y a los medios para limitar el número de hijos que la pareja desea tener (Humanae Vitae, 1968).  Con el desarrollo de la fertilización in vitro (FIV)  surge posteriormente un documento que trata el tema de la infertilidad, reflexiona sobre el valor intrínseco de la vida humana en sus etapas más tempranas y sobre la evaluación moral de algunos medios tecnológicos para lograr la concepción de nueva vida humana cuando los medios naturales son insuficientes (Donum Vitae, 1987).  Cuando el Magisterio no ha desarrollado aún un abordaje moral específico sobre determinado asunto, la bioética católica, a la luz de otras enseñanzas relevantes, puede proceder a reflexionar sobre estas nuevas situaciones, por ejemplo la utilización del procedimiento para la reproducción humana denominado GIFT por sus siglas en inglés (Transferencia Intrafalopiana de Gametos) para superar algunos tipos de infertilidad. Este proceso puede llevar, y de hecho sucede ocasionalmente, a conclusiones  de bioeticistas católicos que difieren entre sí pero que no obstante esto se mantienen dentro de las enseñanzas promulgadas por la Iglesia.

 

 

 

En el otro extremo de la vida humana, en lo que se refiere al envejecimiento, la muerte, el dolor y el sufrimiento, la fe proporciona una perspectiva más amplia sobre estas experiencias, así como una comprensión más profunda respecto al valor de la vida humana (Richard A. McCormick, “Theology and Bioethics”, Hastings Center Report, March/April 1989, 8).  El sufrimiento y el dolor se entienden como poseedores de un valor redentor cuando se contemplan a la luz del sufrimiento y muerte en la cruz de Jesús mismo.  Las lágrimas no serán en vano.  La muerte no es la terminación absoluta y final de la existencia;  es una transición hacia la vida eterna que Jesús consiguió para nosotros con su victoria redentora.  Aunque la vida debe ser respetada, protegida y honrada, existen valores más grandes que la vida en esta tierra.  Estos son valores trascendentes que están arraigados en la fe católica misma. Esta percepción es de ayuda al momento de evaluar el nivel de obligación de mantener la vida cuando la intervención médica ya no es de ningún beneficio para la persona.

 

 

Por la Iluminación de la Razón

 

 

La bioética católica difiere de la ética secular en que aplica principios teológicos además de los principios que la razón aporta y que comparte con la ética secular.  Estos principios teológicos son revelados a través de las enseñanzas de la Iglesia Católica.  Podemos hacer una analogía burda con la luz.  La luz visible nos da cierta información acerca de un determinado objeto del cual se refleja, por ejemplo, su color, su tamaño, su posición, su forma, su textura.  Sin embargo, si ese mismo objeto, digamos el cuerpo humano, es visto a través de rayos X, se revelará claramente la estructura esquelética.  Con equipo más sofisticado se puede revelar el tejido humano y tumores, así como una imagen  en tercera dimensión de estructuras más internas que no podrían sernos reveladas, a menos, claro está, que el cuerpo fuera abierto.

 

Los principios teológicos que nos revelan la naturaleza de Dios, del hombre y su destino final en Dios, nos dan esa “tercera dimensión” en bioética a través de la cual podemos captar mejor y más profundamente lo que es bueno  y lo que es malo para el hombre y la comunidad humana.

 

 

Por aproximadamente setecientos años, la tradición Aristotélico-Tomista ha sido una herramienta  poderosa para el filósofo y el teólogo católicos.  Particularmente, el análisis de un acto moral en términos de sus tres componentes, es decir, la intención del agente, el objeto formal de la acción, y las circunstancias, nos da una poderosa profundización así como los medios para evaluar la calidad moral de dicho acto humano.  Esta tradición permite un análisis más exhaustivo y completo de las acciones morales que el que aportan otros sistemas como el de Kant, las tradiciones utilitaristas o la ética situacional.

 

 

La bioética católica utiliza todas las herramientas que se han logrado gracias a la experiencia acumulada y al refinamiento de otras disciplinas científicas que la razón ha proporcionado.  A esto se suma el hecho de que trabaja bajo la luz de la fe católica. La bioética católica tiene en los diferentes documentos magisteriales sobre temas morales, un conjunto  de principios sólidos a través de los cuales puede orientar las decisiones médico-morales, atenta a que los fieles no sean confundidos en la que es un área muy compleja de la actividad humana.

 

Traducción: María Elena Rodríguez, publicada en 2007: http://conoze.com/doc.php?doc=7561

y en http://contrapeso.info/articulo-4-2775-69.html

 

Más artículos sobre Bioética:

http://conoze.com/index.php?accion=contenido&doc=5916

 

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 CREENCIAS   RELIGIOSAS  Y QUEHACER BIOÉTICO
 
 RELIGIOUS  BELIEFS AND THE BIOETHICAL  JOB
 
 
Autor: Luis Miguel Pastor García 

Departamento de Biología Celular e Histología Facultad de Medicina. Universidad de Murcia

30100  Espinardo. Murcia. Spain Tel: +34-968363949 - Fax: +34-968364150 bioetica@um.es

Cuad. Bioét. XIX, 2008/3ª

http://www.aebioetica.org/rtf/07-BIOETICA-67.pdf

Cuadernos de Bioética:

 
 
En este artículo se ha optado por limitar el quehacer o trabajo bioético al ámbito académico pero las reflexiones pueden hacerse extensible a la actividad bioética ordinaria que se realiza dentro de cualquier trabajo de carácter biosanitario.
 
Resumen
 
En el ambiente cultural español es muy usual afirmar que el poseer creencias religiosas dificulta la tarea de estudiar, investigar y enseñar bioética. Según ellos se perdería la neutralidad, se estaría tentado a imponer a otros el propio credo y se dificultaría la búsqueda de consenso tan necesario en esta disciplina. En el desarrollo de este artículo se analizan estas dificultades. Para la primera se con- sidera que es una falacia que pretende descalificar a ciertas personas para que no participen en el debate bioético cuando no hay ningún sujeto para el dialogo que no este condicionado por sus creencias, sus increencias o su agnosticismo. Aceptar este argumento supondría una táctica para imponer la propia postura anulando al otro, con una merma en el pluralismo bioético. Además, la mera descalificación haría fracasar el dialogo bioético que debe basarse en que cada cual pueda expresar racionalmente su postura, y los demás puedan analizarla, no siendo rechazada a priori, por su procedencia. En cuanto a la segunda dificultad hay que decir que mientras las creencias sean religiosas, ateas o agnósticas, sean expresadas a través de una elaboración razonada a la cual pueda acceder el interlocutor no deberían ser rechazadas, sino más bien atendidas en lo que tienen de aportación al debate intelectual. Por ultimo, respecto a la tercera, el diagnostico ético elaborado y deducido desde fuentes estrictamente religiosas, puede mostrar intuiciones morales básicas universales que ayuden al discurso racional de la bioética sin que esto produzca confusión o desunión entre los deliberantes bioéticos. Finalmente el trabajo analiza las relaciones entre bioética de máximos, mínimos y religión, haciendo hincapié en que esta última y en concreto la cristiana, por su esfuerzo racional para hacer más inteligible lo humano es un antídoto frente al pensamiento débil que limita el quehacer bioético.
 
Palabras clave: fe religiosa, razón, trabajo bioético, consenso, cristianismo.
 
Abstract
 
In modern-day Spain, it is often said that possessing religious beliefs must be a hindrance in studying, investigating and teaching bioethics. Critics point to a lack of impartiality, a temptation to impose one’s own beliefs and the difficulty in reaching consensus (so necessary in this field) as consequences of such a state. We analyse these so-called difficulties in this article. As regards the first criticism, we consider it a fallacy that merely intends to disqualify certain persons from participating in bioethical debate, as if no-one was not conditioned by their beliefs, disbeliefs or agnosticism. To accept this argument would be to accept the imposition of one point of view to the detriment of bioethical pluralism. Indeed, the mere acceptance would condemn bioethical dialogue, which should be based on the freedom to rationally express one’s point of view so that it may be analysed by others, not rejected a priori because of where or whom it comes from. As regards the second criticism, it must be said that as long as the beliefs of an individual, whether religious, atheistic or agnostic, are put forward in a way that can be easily understood by an interlocutor, they should not be rejected out of hand but listened to  as  a contribution to  intellectual debate.  Lastly, ethical reasoning  elaborated and deduced from strictly religious sources, may point to basic, universal, moral intuitions that may help in the rational discussion of bioethics without producing confusion and discord amongst thinking persons. The study also analyses the relations between minimal and maximal bioethics with the religion, emphasising that the last, especially in its Christian form and rational efforts to make the human condition more intelligible, may well be an antidote against shallow thinking that so limits the bioethical debate.
 

Key words: religious faith, reason, bioethical job, consensus, Christianity.

 
 
 
 
 
 


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